La cuaresma nos abre a la misericordia divina.
La liturgia de este día nos lleva a tomar conciencia de nuestra situación, de las consecuencias del pecado, de nuestro alejamiento voluntario del amor del Buen Padre Dios. La ceniza es signo de las consecuencias destructivas del pecado, desde el primer momento de la historia de la salvación, la negativa del hombre a vivir la comunión con Dios. Esta situación realmente nos ha dejado hechos polvo.
En el aspecto positivo, la ceniza quiere provocar en nosotros la actitud del Hijo Pródigo, porque no está todo perdido. El recuerdo activo del Padre nos ha de provocar el Amor del Padre, que requiere respuesta al mismo nivel de amor: retorno al hogar y compartir la mesa, no es suficiente con "estar”. El signo es elocuente, pero requiere de cada uno de nosotros que lo aceptemos, que seamos capaces de vivir.
Es una llamada, sobre todo a la autenticidad. Para ello se requiere que nos comprometamos a escuchar la Palabra de Dios. Es un tiempo de especial llamada, pues, al silencio de todas las otras llamadas o ruidos en los que podemos estar metidos. Más importante este "ayuno” que cualquier otro. El silencio nos puede llevar a entrar en diálogo con Dios. Este tiempo de cuaresma nos ayudará de manera especial, desde el silencio, a recobrar la oración, no como modo de petición solamente, sino sobre todo como modo de conocer a Dios. El conocimiento nos va a llevar a "ser hijos de Dios”, siguiendo el modo de vivir de Jesucristo. Seguro que nos lleva a dejarnos transformar la mente y el corazón e incluso dar pasos significativos en la identificación con Cristo.
Afrontar con ilusión y esperanza los cambios de actitud en la familia, en el trabajo, en la vida personal y social, y nos va a mantener abiertos a las necesidades del prójimo para que nuestra limosna sea realmente liberadora para los necesitados.
Tendrá que ser la ceniza, sobre todo, una invitación a vivir la esperanza, porque la superación de nuestra hipocresía, de nuestro pecado nos va a llevar de nuevo a la vida de cada día "no queriendo pecar más”, como Jesús pedía a quienes iba asistiendo. La cuaresma es, de manera especial, una llamada a redescubrir el Sacramento de la Reconciliación, en este sentido: encuentro con nosotros mismos en Dios. Y reenvío a nuestra vida por "caminos nuevos de amor y de serenidad”. La cuaresma es un tiempo favorable. Ojalá lo sea de verdad para todos y cada uno de nosotros.