28 Febrero, 2010

Cuaresma Segundo Domingo 


En el segundo domingo de cuaresma, Dios nos invita a descubrir los dos aspectos de la vida de cada día: la realidad dura y difícil, ardua del desierto, y la iluminación que, para esta vida, supone el encuentro con Dios. La cruz nunca es el final, pero como lugar en el que ofrecer nuestra vida, nunca es fácil ni atrayente. Según Jesucristo, es imprescindible pasar por ahí. En la escena de la transfiguración, casualmente sólo el rostro de Cristo, que camina hacia Jerusalén, está transfigurado. Él puede iluminar cualquier situación de nuestra vida, hace falta "escucharle”.
En nuestro mundo tan estresante, también es necesario hacer un alto en el camino. La tendencia a "estar a gusto” en lo que traemos entre manos puede dejarnos encerrados en una vida excesivamente plana, monótona, a ras de tierra. Jesús invita a descubrir la vocación a la que Dios nos llama: subir a la montaña para la transfiguración. La vida del cristiano consiste en el seguimiento de Jesucristo, y esto requiere estar con él, al margen de las otras cosas que nos ocupan y nos preocupan, estar con Él y "escucharle”. Son muchos los testimonios que nos recuerdan, también hoy, la experiencia de Pedro: "Señor, qué bien se está aquí…” ¡Estando con Dios hoy podemos experimentar que se está muy bien!
Toda la cuaresma en sí, y en concreto las lecturas de este domingo están enmarcadas en unos simbolismos que se dan cita en la búsqueda constante por el sentido de la vida, por el futuro y por aquellos aspectos que nos trascienden, que van más allá de lo que cada día sentimos y vivimos. Abrahán, prototipo de los hombres y mujeres de fe, ha de mirar al cielo para encontrar alguna lucecita para su futuro. Esa es la alianza de Dios con el ser humano; la angustia del hombre creyente encuentra en Dios lo que la vida de cada día no le ofrece: un hijo, un futuro, un nombre de generación en generación. En la vida lo religioso cuenta mucho. El hombre no puede darse un futuro por sus propias fuerzas. Alguien conduce nuestra existencia.
San Lucas, en el evangelio nos recuerda una vez más que solo desde la oración es posible vislumbrar lo que Dios necesita revelar personalmente a cada uno. Tendremos, pues que preguntarnos: ¿realmente tengo experiencia de Dios, Dios me dice algo para animarme en mi vida? ¿Dedico algún momento de cada día para mi oración?
Pero hay otro aspecto no menos importante que Dios hoy nos revela: Los discípulos, en el momento de la transfiguración, como nos sucede a todos, viven la tentación de abandonar la realidad, de quedarse en las nubes… ¡De alienación, nada! Es Jesús quien nos invita constantemente a bajar a la realidad de la vida, con la experiencia de la transfiguración. Porque la vida no se puede hacer de cualquier modo para que siga siendo humana, como tampoco se puede hacer al margen de este mundo nuestro concreto en el que Dios nos ha llamado a vivir para hacerlo, por la fuerza del Espíritu, Reino de Dios, lugar en que todos puedan decir como Pedro ¡Qué bien se está aquí!...
Sin duda que para los cristianos una auténtica transfiguración tiene que ser la Eucaristía del domingo. A veces se nos "acusa” de que tenemos unas caras excesivamente largas, propias de quienes están haciendo algo que no les gusta. ¿Seremos capaces de escuchar hoy, del propio Padre Dios: "Este es mi hijo amado, escuchadlo? Si no lo vivimos así, aprovechemos el tiempo de Cuaresma, tiempo de conversión por excelencia, para aprender a "estar a gusto” con el Señor y transmitirlo como algo fundamental en nuestra vida creyente.
Jesús "no puede ser encerrado en la tienda de las alturas”, junto con Moisés y a Elías. A Jesucristo necesitamos, con urgencia, descubrirlo como el único Señor, el que tiene la Palabra de Dios. Los evangelios no son libros didácticos que exponen doctrina académica sobre Jesús. Tampoco biografías redactadas para informar con detalle sobre su trayectoria histórica. Son "relatos de conversión" que invitan al cambio, al seguimiento a Jesús y a la identificación con su proyecto. Por eso piden ser escuchados en actitud de conversión. Que encontremos tiempo para leer el Evangelio de Lucas este año, aunque tengamos que ayunar un podo de otras actividades.



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